Un día el destino te coge desprevenido y te roba lo que más amas, te hace perder el sustento, la casa desaparece, tu esposo muere o te abandona, la cordura y el equilibrio no soportan el dominó de la desgracia y tu piel pasa a ser las paredes de tu nueva casa, en la intemperie de una ciudad que te retira la mirada, te retira la misericordia de poner el corazón atento a tu desgracia.

El invierno se lleva a muchos, otros caen por delitos de odio, provocados por el desprecio a la pobreza que ciertas personas sienten y les lleva a cometer violencia contra el árbol caído en la tormenta de la vida.

Cada seis días,una persona sin hogar muere de frío, de una paliza o de tristeza abrasiva ante la indiferencia de sus prójimos que un día podrían también ser de los que lo pierden todo.

No hay tiempo que perder hay que ensanchar el corazón para recoger de las cunetas a los que no pueden sobrevivir a un mundo que ha perdido el alma en su progreso hacia la nada.

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