Los ecos del cambio que Joan Melé proyecta producen la alegría del que vuelve a confiar que nunca nada está perdido, si en medio de un sector, que perdió el norte de los valores propiamente humanos, produciendo el sufrimiento en millones de seres, se alzan voces sinceras, que nadan a contracorriente de una economía sin alma, hablando de honestidad, de transparencia, de ética, de responsabilidad de todos con todo, la esperanza vuelve a iluminar el único camino posible para salir del laberinto: por arriba, por los valores que otorgan la dimensión espiritual del hombre.

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